​La mayor parte de la población con VIH vive en grandes núcleos urbanos, donde hay acceso más próximo a los servicios de salud, a los grupos de pares, oportunidades laborales, etc. Pero ¿cómo es vivir con VIH en un pueblo chico?

Si bien (al menos desde el punto de vista teórico) la legislación vigente garantiza el acceso gratuito y universal al tratamiento Antirretroviral, que permite a las personas con VIH lograr la indetectabilidad (y, por lo tanto, no transmitir el virus) y una buena calidad de vida, lo cierto que en las comunidades pequeñas siguen existiendo dificultades de todo tipo.

Por una parte, como con muchas otras situaciones sanitarias, es necesario desplazarse a centros urbanos más poblados para acceder a estudios y atención médica con regularidad.
Esta carencia suele motivar que algunas personas terminen abandonando el tratamiento, sea por falta de recursos para movilizarse como por todas las dificultades que presenta desplazarse regularmente fuera del lugar de residencia para recibir atención médica.

Por otra parte, a más de 40 años del inicio de la epidemia de VIH, en varios sectores de la sociedad (a menudo en las pequeñas comunidades) subsisten todo tipo de mitos y -sobre todo- falta de información respecto del VIH, su formas de transmisión, prevención y el acceso a tratamientos. Y como consecuencia de ello, el estigma es también un gran problema adicional que deben enfrentar las personas con VIH al conocerse su diagnóstico (algo que, además, a veces sucede sin el consentimiento de estas personas, lo cual es violatorio de las leyes vigentes). El estigma en los “pueblos chicos” suele ser mucho más duro y difícil de revertir que en los grandes núcleos urbanos. Todos se conocen. O creen conocerse.

¿Qué se puede hacer?

Todo comienza con la prevención y con la información. Recordemos que más del 98% de los casos de VIH son por transmisión sexual. Facilitar y visibilizar el acceso a los condones debe ser prioritario. De esa manera, se estarán previniendo nuevas infecciones.

Hablar de VIH, de sus formas de transmisión, de su prevención, testeo y tratamiento (confidencial, gratuito, universal) permite disminuir el estigma y eso ayuda a que las personas con VIH vivan la vida que tienen derecho a vivir, sin ser señalados, sin estigmas, sin criminalización.

El sistema de salud debe acercarse aún más a las poblaciones pequeñas. Y, también, el Estado debe facilitar el traslado de las personas que lo necesiten para sus estudios y consultas médicas.

Y, fundamentalmente, se debe seguir trabajando en informar y educar para terminar con el estigma.

Para que las personas (con y sin VIH) puedan elegir dónde vivir sus vidas de manera segura y plena.

 

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